Medio siglo…

No es algo que consiga afectarme en absoluto. Cumplir años es natural y, en cierta manera hasta
sano…
El pasado sábado, 13 de agosto de 2011 me vinieron a visitar los 50 años acompañados por una parte muy importante de aquello que hemos ido recogiendo a lo largo de nuestra vida. Nunca imaginé que ese cumpleaños fuese tan diferente a los demás, tanto en cuanto a la forma como a los hechos…

Literalmente, podría decir que fui “maravillosamente engañado” por unos cuántos amigos, cómplices de las “fantásticas maniobras” de mi inigualable mujer y de nuestras dos hijas.
Para mi, transcurría ese sábado como cualquier otro, a excepción de haber llegado a la cincuentena (cosa baladí) recibiendo llamadas y comiendo en familia, aparte de una salida a casa de un amigo que requería mi ayuda para resolver un asunto técnico informático y tras el cual cenaríamos esa noche en compañía de nuestras respectivas familias.
Teniendo en cuenta la amistad que nos une y la buena compañía que ofrece éste, no me percaté en ningún momento de que la tarde se nos echó encima, ni de que el problema informático fuese inexistente. A la hora acordada por las “privilegiadas mentes pensantes” salimos para recoger a nuestras compañeras e hijos que nos esperaban en casa, desde la que nos dirigiríamos a algún lugar para
cenar.
Las “argucias de mujer” permitieron, que llegados al “punto de reunión acordado” entrase a un local donde… ¡¡¡SORPRESAAA!!!… Estaban esperándome una buena cantidad de AMIGOS, que, ante mis desorbitados ojos e incrédula mirada, aplaudía al recién llegado, que no daba crédito a la “alucinante jugarreta” de la que había sido ajeno hasta entonces.
Allí se encontraban varios amigos de mi propia localidad, así como otros de poblaciones vecinas y hasta llegados de Valencia.
Estrechones de manos, abrazos, besos… y sobre todo… un feliz 50 aniversario que nunca podré olvidar.
No podía creer lo que me estaba ocurriendo. Grandes amigos en torno a una larga mesa conmemorando mi paso al “club de los cincuentones”… jajaja.

Increíbles regalos ELO inundaron el momento inmediato a la cena, relojes, cuadros, libros, carteles… y una velada inigualable, rodeado de amigos que han sabido aguantar estoicamente a este fanático de ELO/JEFF y sus manías (por suerte la gran mayoría comparten su fanatismo conmigo, y los que no, su amistad personal indiscutible).
Los que, por uno u otro motivo, no pudieron estar presentes, se hicieron notar a través del teléfono a una hora acordada previamente, para no desvelar el entramado. Un auténtico lujo tener a tantos amigos alrededor y cumplir los 50 de una forma tan inesperada. La velada se extendió hasta altas horas de la madrugada y sería imposible detallar cada momento vivido.

Con toda mi gratitud a mi mujer e hijas, adalides y artífices del invento: Anto, Sonia y Esther; y a todos y cada uno de los asistentes, más por su presencia y amistad que por los maravillosos regalos con los que me obsequiaron. Ellos fueron (por orden de aparición) Franco, Ian, Mª Dolores, Nicasio, Mª Ángeles, Pedro, Marian, Mauri, Phil, Pili, Marcos, Pepe, Tere, Verónica, Antonio, Gracia, Gabriel, Toni, Tecles y Gerlinde. También a quienes no pudiendo asistir, llamando por teléfono para dar testimonio de su presencia: Iván, Pedro, Ana, Victor, Cristina, Loli, Asun, Chimo, Gracia, Juan, Marcos, Jesualdo, Dori, Vicente, Mari y Diego, así como a [email protected] los que lo hicieron a través de mensajes en la red.

Como remate, al llegar a casa junto con los que se alojaron allí hasta el día siguiente (y porque no quisieron más), un mensaje privado a mi correo electrónico dio LUZ a una noche que no podía contener más estrellas invitadas…
Siento quedarme tan corto al deciros: GRACIAS A [email protected] POR TANTO.
Todavía sigo alucinando…

JRequena

JRequena - ELOSP

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Webmaster de ELO ESPAÑA

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